Que difícil andar por un camino incierto,
que difícil es vivir sin tener un motivo.
Para tí no hay rencor, para tí no hay olvido…

De mi Dios, de mi fe, ya no me queda nada.
De los sueños de ayer no quedan ni palabras,
todo, todo se marchó tras de tu sombra helada.

¿Dónde estas, dónde vas dejándome en silencio?
Ven aquí y sálvame de este dolor desierto,
que me hiere como el sol cuando desangra al cielo.

Una flor y una cruz arden en tu destino,
un puñal tras la luz de este amor tan herido.
Late en mí tu bendición y tu recuerdo vivo.

Solo aquí, sin llegar donde no estás conmigo,
busco en el mismo lugar, nada es igual.
Y sigo abrazándome al sabor de todo lo que fuimos.

Estación «Soledad» sin adiós ni pañuelo.
Se perdió en la inmensidad mi razón y mi tiempo,
lejos de tu claridad, cerca de mi desvelo.

Lo que fue ya no es más,
y este dolor humano, cuando puedo imaginar,
se apagará en tus manos,
en el beso sin final donde nos esperamos.

Una flor y una cruz arden en tu destino,
un puñal tras la luz de este amor tan herido.
Late en mí tu bendición y tu recuerdo vivo.


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